
Deterioro de activos ante volatilidad cambiaria: qué revisar antes del cierre 2026
Una prueba de deterioro firmada en marzo puede dejar de decir lo que dice en diciembre sin que el negocio haya cambiado nada. Las ventas se sostuvieron, la planta opera igual, el presupuesto se cumplió. Lo único que se movió fue el tipo de cambio, y eso bastó para que el importe recuperable y el valor en libros dejaran de ser comparables entre sí. El problema es que nadie lo nota, porque el papel de trabajo se ve exactamente igual de bien que cuando se firmó.
Este artículo no repite qué es una prueba de deterioro ni cuándo es obligatoria, temas que ya cubrimos en nuestra guía metodológica de NIF C-15. Se ocupa de una capa específica y poco trabajada: qué pasa con esa prueba cuando los flujos, la tasa y el valor en libros viven en monedas distintas o se tradujeron en fechas distintas. Ahí la norma es más precisa de lo que la práctica suele reconocer, y el error no se detecta revisando el resultado sino abriendo las celdas. En Flint Consulting® ejecutamos y revisamos pruebas de deterioro con exposición cambiaria, y lo que sigue es el orden en el que las revisamos.
Cuándo el movimiento cambiario obliga a volver a mirar
Conviene empezar por lo que la norma no dice. Los indicadores externos de deterioro de IAS 36.12 son cuatro: la caída del valor observable del activo por encima de lo esperado; los cambios significativos con efecto adverso en el entorno tecnológico, de mercado, económico o legal; el incremento en las tasas de interés de mercado que afecte la tasa de descuento; y el valor en libros de los activos netos por encima de la capitalización bursátil de la entidad. Ninguno de los cuatro menciona el tipo de cambio.
Eso no significa que quede fuera. El movimiento cambiario entra por el segundo inciso, como cambio adverso en el entorno económico, y si además arrastra tasas, también por el tercero. Las guías de revisión de las firmas lo agrupan como indicador externo junto con las tasas de interés y los precios de materias primas, pero como aplicación de ese inciso, no como uno propio. La distinción importa a la hora de redactar un memorándum: decir que la norma nombra al tipo de cambio como indicio es una afirmación que no se sostiene, y decir que la norma lo alcanza por la vía del entorno económico sí.
De ahí la regla práctica: el movimiento cambiario se vuelve indicio cuando altera los supuestos con los que se construyó la última prueba, no cuando cruza cierto porcentaje. La norma tampoco fija un umbral, IAS 36.9 solo obliga a evaluar si existen indicios al cierre de cada periodo sobre el que se informa.
Nota al socio, perspectiva de práctica
La norma no fija un umbral y no conviene inventarlo. Nuestro criterio, planteado como criterio de firma y no como norma, es que la prueba se vuelve a correr cuando el movimiento rompe el juego de supuestos con el que se construyó la última.
Son tres preguntas. ¿Se separaron la moneda en la que se fija el precio y la moneda en la que se incurre el costo? ¿El movimiento se espera persistente o es ruido? ¿La holgura entre importe recuperable y valor en libros absorbe el movimiento? La tercera es la operativa: recalcular la holgura con el tipo de cambio nuevo cuesta una tarde y dice si hay que rehacer la prueba completa. Por eso en nuestro modelo aparece como porcentaje del valor en libros en la hoja de sensibilidad.
La moneda en la que la UGE genera sus flujos no siempre es la moneda funcional de la entidad
Aquí hay una imprecisión que se repite en memorandos y en artículos, y que un revisor detecta de inmediato. La moneda funcional se determina por entidad, no por unidad generadora de efectivo. IAS 21.9 la define como la moneda del entorno económico primario en el que opera la entidad, y la NIF B-15 la plantea igual, con un agregado propio del marco mexicano que conviene tener presente: aquí conviven tres monedas, la de registro, en la que la entidad lleva sus libros; la funcional, en la que efectivamente opera; y la de informe, en la que presenta sus estados financieros. IFRS solo distingue entre funcional y de presentación.
La unidad generadora de efectivo es otra cosa: IAS 36.6 la define como el grupo identificable más pequeño de activos que genera entradas de efectivo en buena medida independientes de las de otros activos. Una entidad puede tener varias, y todas comparten su moneda funcional. Hablar de la moneda funcional de la UGE mezcla dos niveles.
El concepto que se quiere nombrar sí existe en la norma, con otro nombre: la moneda en la que la unidad genera sus flujos, que es el lenguaje literal de IAS 36.54. Y ahí está el punto interesante, porque esa moneda puede no ser la funcional de la entidad a la que la unidad pertenece. Una unidad exportadora dentro de una entidad cuya moneda funcional es el peso genera sus flujos en dólares, y la norma obliga a proyectarlos en dólares, descontarlos con una tasa apropiada para el dólar y convertir el valor presente resultante.
Tabla 1. Las monedas que conviven en una prueba de deterioro. Tabla: Flint Consulting®
La regla de consistencia: proyectar, descontar y convertir, en ese orden
IAS 36.54 resuelve el problema en una sola instrucción de tres tiempos. Los flujos futuros se estiman en la moneda en la que se van a generar. Se descuentan con una tasa apropiada para esa moneda. Y el valor presente resultante se convierte al tipo de cambio spot de la fecha del cálculo del valor de uso.
Texto de la norma
“Future cash flows are estimated in the currency in which they will be generated and then discounted using a discount rate appropriate for that currency. An entity translates the present value using the spot exchange rate at the date of the value in use calculation.”
IAS 36, párrafo 54.
Las tres partes se incumplen por separado y con frecuencia. La más común es la segunda: flujos en una moneda descontados con una tasa construida con los insumos de otra. Aparece de dos formas, una tasa libre de riesgo y una prima de riesgo país tomadas de un país sobre flujos generados en otro, y flujos nominales en una moneda descontados con una tasa que trae incorporada la inflación esperada de otra.
Cuando hay que llevar una tasa de una moneda a otra, la conversión se hace por diferencial de inflación esperada, multiplicando la tasa por el cociente entre uno más la inflación esperada de la moneda destino y uno más la inflación esperada de la moneda origen. Es una fórmula de un renglón, y precisamente por eso conviene revisar que opere sobre celdas con datos. Una fórmula de conversión correctamente escrita que apunta a celdas vacías devuelve la tasa de entrada sin convertir nada, y en la impresión del modelo se ve idéntica a una conversión bien hecha.
La tercera parte también se incumple de forma rutinaria: se convierte el valor presente con el tipo de cambio del cierre contable cuando la valuación se hizo en otra fecha. La norma pide el spot de la fecha del cálculo del valor de uso.
Nota al socio, perspectiva de práctica
La inconsistencia que más corregimos es siempre la misma: flujos en una moneda descontados con una tasa construida con los insumos de otra. Es el incumplimiento directo de IAS 36.54 y aparece en dos variantes, la de tasa libre de riesgo y prima país de un país sobre flujos de otro, y la de flujos nominales de una moneda con una tasa que trae la inflación de otra.
Hay una tercera variante más difícil de ver, y es la que más nos ha tocado encontrar en revisiones: el papel de trabajo sí trae la fórmula de conversión por diferencial de inflación, pero opera sobre celdas vacías, de modo que devuelve la tasa de entrada sin convertir. Las tres fallas se ven idénticas en la impresión del modelo y ninguna se nota si no se abre la celda.
La asimetría de fechas: cuando el tipo de cambio crea un deterioro que no existe
Este es el punto que casi nunca aparece en la conversación y el que más consecuencias tiene. No se trata solo de que el tipo de cambio presione el importe recuperable: el valor en libros y el importe recuperable se traducen a tipos de cambio de fechas distintas, y esa asimetría puede hacer aparecer una pérdida por deterioro que en la moneda de operación no existe.
Texto de la norma
“...the carrying amount is determined by comparing: (a) the cost or carrying amount, as appropriate, translated at the exchange rate at the date when that amount was determined; and (b) the net realisable value or recoverable amount, as appropriate, translated at the exchange rate at the date when that value was determined. The effect of this comparison may be that an impairment loss is recognised in the functional currency but would not be recognised in the foreign currency, or vice versa.”
IAS 21, párrafo 25.
La mecánica es la del párrafo 23 de la misma norma. Las partidas monetarias se reexpresan al tipo de cambio de cierre y su efecto va directo a resultados. Las no monetarias medidas a costo histórico se quedan al de la fecha de la transacción. El importe recuperable, en cambio, se determina al momento de la prueba y viaja al tipo de cambio de esa fecha.
Tabla 2. Qué se traduce y a qué fecha. Tabla: Flint Consulting®
De ahí se sigue una corrección importante de dirección. Ante una depreciación del peso, el importe recuperable de una unidad que genera flujos en dólares, expresado en moneda funcional, sube, no baja. El deterioro no aparece por el movimiento cambiario en sí, aparece cuando la moneda se mueve en sentido contrario al de la exposición, o cuando el flujo se contrae más de lo que el tipo de cambio lo infla. Presentar el tema como que la volatilidad cambiaria presiona el valor recuperable es direccionalmente incompleto: lo presiona en los dos sentidos, y el memorándum tiene que decir cuál de los dos aplica al caso.
Unidades mixtas y el lugar que ocupa la deuda
El caso que más trabajo da es la unidad que vende en una moneda y gasta en otra. Ingresos en dólares, materia prima importada en dólares, nómina y servicios en pesos, y a veces financiamiento en una tercera. Lo primero no es elegir la tasa, es separar los flujos por moneda de generación renglón por renglón. Ese desglose es lo que IAS 36.54 exige y lo que casi nunca está, porque el modelo se construyó en una sola moneda desde el principio.
Sobre la deuda hay que tener cuidado, porque la intuición lleva en la dirección equivocada. IAS 36.76 (b) excluye los pasivos reconocidos del valor en libros de la unidad generadora de efectivo, salvo el caso previsto en el párrafo 78, cuando el importe recuperable no puede determinarse sin considerar el pasivo porque el comprador tendría que asumirlo. Es decir que la deuda en moneda extranjera no entra a la comparación de deterioro.
Eso no la vuelve irrelevante. Pega por tres lados distintos: en resultados, por la fluctuación cambiaria; en los covenants, que es donde el director financiero lo siente primero; y como indicio del párrafo 12, porque deteriora la condición financiera de la entidad. Pero no forma parte del valor en libros que se compara contra el importe recuperable, y un memorándum que omita ese matiz se gana una observación.
Nota al socio, perspectiva de práctica
Lo primero es separar los flujos por moneda de generación, renglón por renglón, antes de tocar la tasa. Ingresos en dólares, materia prima importada en dólares, nómina y servicios en pesos.
Después, tres cosas en este orden. Si la proyección usa un tipo de cambio fijo para todo el horizonte, que es lo habitual y arrastra el diferencial de inflación al resultado. Si la tasa de descuento trae la inflación de la moneda de los flujos. Y si el spot con el que se convierte el valor presente es el de la fecha de la valuación, que es lo que pide la norma, y no el del cierre contable cuando son fechas distintas. La deuda la revisamos al final y por separado, por la razón que explica esta sección.
Antes o después de impuestos: la base depende del marco bajo el que se reporta
Una entidad mexicana que reporta bajo NIF y consolida bajo IFRS corre la misma prueba sobre dos bases distintas, y no por costumbre local sino por una divergencia declarada por escrito.
Tabla 3. La base de cálculo del valor de uso según el marco. Tabla: Flint Consulting®
El preámbulo de la NIF C-15 lo dice sin rodeos: la norma no considera apropiado dejar fuera las erogaciones por impuesto a la utilidad en los flujos futuros, ni utilizar una tasa de descuento antes de impuestos. IAS 36 hace lo contrario, y en su párrafo 51 señala que si la tasa se determina antes de impuestos, los flujos también deben estimarse sobre esa base.
Quien reporta bajo ambos marcos necesita, por lo tanto, la conversión entre una base y otra. Y aquí está el error técnico más extendido del tema: la tasa antes de impuestos no se obtiene dividiendo la tasa después de impuestos entre uno menos la tasa fiscal. Ese atajo, conocido como grossing up, está mal, y el propio Fundamento de las Conclusiones de IAS 36 lo demuestra con números.
El atajo del grossing up no funciona
Con una tasa después de impuestos de 10% y una tasa fiscal de 20%, el grossing up simple arroja 12.5% y un valor de 1,717. El cálculo correcto sobre flujos después de impuestos da 1,757. La tasa antes de impuestos que efectivamente reproduce ese valor es 11.2%, no 12.5%.
La razón es que la tasa antes de impuestos equivalente depende del perfil temporal de los flujos fiscales, no de la tasa nominal del impuesto. Por eso solo se obtiene por iteración, resolviendo la tasa que reproduce el mismo valor de uso sobre la serie de flujos antes de impuestos. (Fuente: IAS 36, Fundamento de las Conclusiones, BCZ85.)
Es un cálculo de dos minutos si el modelo está armado para hacerlo, y una observación de auditoría si no. En nuestra plantilla la tasa antes de impuestos se deriva por tasa interna de retorno sobre la serie de flujos antes de impuestos, con un control que verifica que reproduzca exactamente el valor de uso calculado.
Los cinco errores que invalidan una prueba en silencio
Ninguno de los cinco cambia el aspecto del entregable. Esa es justamente la dificultad: una prueba con cualquiera de ellos se imprime igual de bien que una correcta.
El primero, descontar flujos de una moneda con una tasa construida con insumos de otra, en cualquiera de sus tres variantes. El segundo, tratar la moneda funcional de la entidad como si fuera la de la unidad generadora de efectivo. El tercero, aplicar el mismo tratamiento cambiario a partidas monetarias y no monetarias, ignorando que unas se reexpresan al cierre y otras se quedan a la fecha de la transacción. El cuarto, esperar al cierre anual para volver a evaluar indicios, cuando ya no hay margen para corregir. Y el quinto, el que más observaciones genera, usar un tipo de cambio sin documentar su fuente ni su fecha de corte.
Nota al socio, perspectiva de práctica
El orden con el que llegan las preguntas del auditor externo es bastante estable. Primero, la consistencia entre la moneda de los flujos y la de la tasa, que es lo más fácil de verificar y lo que más falla. Segundo, si la tasa es antes de impuestos y cómo se derivó, porque el grossing up simple se detecta de inmediato.
Tercero, si el supuesto cambiario del modelo es el mismo que la entidad usa en el resto de los estados financieros, es decir en el presupuesto aprobado, en la documentación de coberturas y en el impuesto diferido. Tres tipos de cambio distintos en el mismo juego de estados financieros es un hallazgo inmediato.
Y cuarto, la revelación de sensibilidad del párrafo 134 (f). Con exposición cambiaria de por medio deja de ser un trámite y se vuelve el centro de la discusión, porque el auditor quiere ver cuánto tiene que moverse el tipo de cambio para que la holgura desaparezca.
Checklist antes del cierre 2026
- Identificó qué unidades generadoras de efectivo tienen exposición cambiaria material y cuáles no, en lugar de aplicar el mismo tratamiento a todas.
- Separó los flujos proyectados por moneda de generación, renglón por renglón, antes de definir la tasa de descuento.
- Verificó que la tasa de descuento esté construida con los insumos de la misma moneda que los flujos, y que cualquier conversión entre monedas opere sobre celdas con datos.
- Confirmó que el valor presente se convierte al tipo de cambio spot de la fecha del cálculo del valor de uso, y no al del cierre contable cuando son fechas distintas.
- Documentó fuente y fecha de corte del tipo de cambio, y verificó que sea el mismo supuesto que la entidad usa en el presupuesto aprobado, en coberturas y en impuesto diferido.
- Definió sobre qué base corre el cálculo, antes o después de impuestos, según el marco de reporte, y si necesita ambas, derivó la tasa antes de impuestos por iteración y no por grossing up.
- Recalculó la holgura entre importe recuperable y valor en libros con el tipo de cambio vigente, y sabe cuánto tendría que moverse la moneda para que esa holgura desaparezca.
¿Quieres saber más?
En Flint Consulting® ejecutamos y revisamos pruebas de deterioro para empresas en México y Latinoamérica, con el detalle que exige una entidad expuesta a varias monedas y a dos marcos de reporte. Si tu empresa tiene unidades que generan flujos en una moneda distinta a la de sus libros, conviene revisar la holgura antes del cierre y no después de la auditoría.
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